Fecha Publicación: 30/11/2025
Cada 30 de noviembre se conmemora el Día Mundial de los Trastornos de la Conducta Alimentaria (TCA), una fecha establecida para visibilizar el impacto clínico, psicológico, médico, familiar y social de estos trastornos, así como para promover prácticas de detección temprana, intervención basada en evidencia y reducción del estigma asociado.
Los TCA constituyen un grupo de trastornos de alta complejidad clínica, caracterizados por alteraciones persistentes en la ingesta y en las conductas relacionadas con la comida, el peso, la figura corporal y el ejercicio, asociados a un deterioro significativo del funcionamiento físico, cognitivo, emocional y social. La evidencia internacional muestra que su inicio ocurre con mayor frecuencia durante la infancia, la adolescencia y la adultez joven, etapas del desarrollo marcadas por una elevada vulnerabilidad neurobiológica, psicológica y social.
Diversas investigaciones indican que los TCA no deben ser entendidos únicamente como “problemas alimentarios”, sino como trastornos multifactoriales que involucran la interacción entre factores genéticos, neurobiológicos, temperamentales, familiares, cognitivos y socioculturales. Además, la desnutrición y las conductas compensatorias producen cambios neurofisiológicos y psicológicos que tienden a mantener y reforzar el trastorno, generando ciclos de retroalimentación negativa que dificultan la recuperación si no se interviene de forma oportuna y estructurada.
En población infanto-juvenil, los TCA pueden interferir de manera crítica en procesos clave del desarrollo como el crecimiento físico, la maduración puberal, la consolidación de laidentidad, la regulación emocional y el funcionamiento familiar. Del mismo modo, se ha descrito una alta comorbilidad con síntomas ansiosos, depresivos, obsesivo-compulsivos y conductas autolesivas, lo que convierte a estos trastornos en un problema de salud mental de alta prioridad clínica y de salud pública.
Por esta razón, desde la Comisión de Desórdenes de la Conducta Alimentaria, se insta a la población profesional en Psicología a:
• Fortalecer sus conocimientos sobre los modelos explicativos actuales de los TCA, incluyendo las perspectivas transdiagnósticas, del desarrollo y del ciclo de mantenimiento del trastorno.
• Reconocer la importancia de la detección temprana, especialmente en niños, adolescentes y jóvenes adultos, aun cuando los síntomas no sean plenamente verbalizados por el consultante.
• Promover evaluaciones integrales que contemplen variables conductuales, cognitivas, emocionales, familiares y médicas, incorporando, cuando sea pertinente, la participación de figuras parentales o redes de apoyo.
• Alinear sus intervenciones con enfoques cuya evidencia ha demostrado mayor eficacia en la reducción de la sintomatología y en la prevención de recaídas.
• Participar activamente en la psicoeducación, prevención y sensibilización social para contribuir a la disminución del estigma, la desinformación y las barreras de acceso al tratamiento especializado.
Visibilizar los Trastornos de la Conducta Alimentaria no implica únicamente reconocer su existencia, sino comprender su complejidad, desmitificar concepciones erróneas y asumir un compromiso ético y científico con su abordaje riguroso.
En este 30 de noviembre, la Comisión reafirma la responsabilidad colectiva de la comunidad profesional en salud mental de promover prácticas clínicas informadas, compasivas y técnicamente sólidas, que favorezcan procesos de recuperación sostenidos en el tiempo.