Fecha Publicación: 15/06/2021

“Mi madre tiene 82 años y vive conmigo, algunas veces me enojo tanto con ella, que quiero darle sacudidas. Esto me hace sentir muy culpable. ¿Qué es lo que me está pasando?”; Estas palabras son más comunes de lo que quisiéramos escuchar entre los cuidadores, en particular de familiares que han asumido el proceso de cuido y ante la impotencia de poder contratar el cuido de profesionales.
La experiencia del proceso de cuido es compleja y pensamientos y sentimientos como los supra ejemplificados son típicos de la sobrecarga emocional de la persona cuidadora y pueden ser experimentados hasta por el familiar más amoroso y no significa que es una persona mala o cruel. En algunos casos, la sobrecarga de responsabilidad y la ausencia de estrategias de autocuidado, pueden contribuir a que la persona se sature y explote su frustración contra la persona que se supone que debe cuidar y proteger, el adulto mayor.
Cuando las personas adultas mayores presentan además de sus problemas físicos, los mentales y/o comportamientos difíciles, estos sentimientos son bastante comunes entre los cuidadores y familiares que apoyan en el cuido. Sin embargo, estos pensamientos y sentimientos no justifican el inicio de un ciclo (hábito) de conductas de maltrato hacia la persona adulta mayor; Recordemos que el ciclo inicia con el aumento de la tensión en la persona, luego sobre viene la agresión y finalmente la “luna de miel”, donde el agresor pide perdón y hace creer a la víctima que no lo volverá a hacer. ¡Cuidado!, ante el primer intento se debe detener el abuso y no entrar en el ciclo de la violencia.
Ante esta situación, la persona cuidadora debe buscar la solución para afrontar la fuente de la tensión, evitar el aislamiento y la depresión, cualquier señal de resentimiento hacia la persona que cuidamos es una alerta que podría contribuir desde el maltrato verbal hasta el físico, incluyendo la negligencia y abandono, por lo tanto, debemos buscar ayuda si sentimos resentimientos no resueltos, “no hay derecho en sacar las deudas antiguas y cobrárselas con intereses”. Es prioritario buscar ayuda para atender su salud mental, antes de estar disponible para ser parte del proceso de cuido de otra persona, que será dependiente en gran medida hasta emocional de su cuidador.
Nuestro país ha desarrollado leyes para proteger el desarrollo y bienestar integral de todas las personas adultas mayores, y en espacial de aquellas más vulnerable: portadoras de su condición física (pérdidas funcionales) o mental limitante (enfermedades psiquiátricas: depresión, demencias), que les impide cuidarse por sí mismas.
La sociedad debe reconocer que existen muchas otras formas de abusos y maltrato. A saber, la violencia estructural, donde nuestras políticas sociales han sido débiles y han permitido la falta de equidad y de igualdad social, por el hecho de tener cierta edad, se da la ruptura con la ética social y se les niega acceso a nuevos créditos, así como nuevas oportunidades laborales, como sociedad estamos perpetuando la injusticia social histórica y abandonando a su suerte a la población adulta mayor mas vulnerable.
La psicológica, cuando alguien trata de controlar las decisiones y acciones del otro; burlas, amenazas, insultos, gritos, ignorarlos por largos períodos de tiempo, humillación verbal, intimidación, denigración, aislamiento, un sin fin de estrategias que denigran y limitan su desarrollo integral como persona, que se supone con derechos humanos universales que le garantizan su autonomía y felicidad plena; Esta se constituye, la antesala para el resto de las formas de maltrato individuales, como la violencia física, sin sorpresa, la más fácil de notar, alguien que mediante el uso de la fuerza daña a una persona adulta mayor; frágil y vulnerada por el peso de sus años avanzados.
Otras conductas como la negligencia suponen el fallo del sistema familiar en brindar en tiempo y forma los servicios y cuidados necesarios para mantener la salud y seguridad de una persona, dicho abandono u omisión, es la suma de la falta de responsabilidades familiares e individuales, cuyo resultado es el vil descuido de sus necesidades y pone en peligro hasta su vida.
La explotación financiera, más frecuente de lo pensado, porque ante ella el dolor le hace indecible, tal es la decepción hacia sus propios hijos o cercanos, que lo mantienen en el secreto; La voluntad torcida cuando saca ventaja de un adulto mayor confundido ante problemas de salud agudos, infecciones en curso, por posible interacción de medicamentos, su falta de sueño o con deterioro cognitivo, para utilizar su dinero o pertenencias sin su consentimiento o irrespetando sus voluntades anticipadas.
Ahora bien, revisando la contraparte del fenómeno, las personas agresoras en su mayoría presentan conductas abusivas de drogas y/o alcohol, problemas mentales, abusos en su infancia, altos niveles de tensión y muchas veces, dependen económicamente de la persona adulta mayor “a la que cuidan”. Entre sus estratagemas están mantenerlos aislados de sus conocidos y otros familiares para no ser descubiertos de su conducta abusiva.
La persona adulta mayor más vulnerable para ser objeto del abuso es aquella con edad mayor de 75 años, con problemas serios en su funcionamiento mental (problemas de memoria, desorientación total), problemas serios de salud y pérdida de capacidad de movilización o ejecución de tareas cotidianas como su cuido personal, lo que le hace necesitar mucha ayuda en las tareas como el baño, vestirse, comer, caminar y usar el sanitario, cuando la persona que las cuida es la que decide las visitas que recibe y le tiene aislado, cuando ya no pueden retirar o manejar su propio dinero, además cuando las personas han sido abusadas en su pasado tienen riesgo de volver ser víctimas, especialmente las mujeres.
Algunas de las claves para darse cuenta de que una persona mayor está siendo abusada pueden ser: deshidratación, mal nutrición, descuido en la forma de vestir y en la higiene, impactación fecal, descuido de la higiene dental, infecciones urinarias frecuentes. (especialmente personas encamadas y dependientes). Recibir medicamentos de forma excesiva (que lleven a una intoxicación medicamentosa) o ausencia de estos, pérdida inusual de peso, problemas de sueño, llanto fácil, que los vecinos escuchen gritos, llanto o pelea, ausencia de las prótesis, carencia de lentes ante la disminución visual, falta de audífonos ante la pérdida de audición, pobre higiene en general, fracturas y caídas frecuentes.
En general las personas adultas mayores niegan que están siendo maltratadas, por temor a denunciar a sus propios hijos, porque creen que no hay otra solución que morir aguantando, ante la desesperanza, producto de que el agresor le hace sentir que él es poderoso y dueño de la vida de la víctima. Otras veces, la persona se siente culpable o en parte responsable de ser abusada, situación que demuestra las distorsiones de la invalidez aprendida o factores de meaculpa emocionales.
Concluyendo, queremos ser enfáticos, toda la sociedad ha de ser consciente que la violencia no debe ser minimizada ni aceptada; Debemos promover los espacios seguros para su expresión, merecen ser escuchadas, romper el silencio y ser desculpabilizados.
La Comisión de Psicogerontología del Colegio de Profesionales en Psicología de Costa Rica, hace un llamado ferviente a toda la población nacional, a la toma de conciencia, en especial en estos tiempos de pandemia por el Covid19, para estar vigilantes y denunciar toda forma de maltrato desde la coyuntural hasta la emocional y sexual contra las personas adultas mayores; Todos somos actores sociales en este fenómeno, es nuestra responsabilidad tomar el bando de detener la violencia, defender a las víctimas y de generar espacios que les dignifiquen su existencia. Luchemos juntos por un mundo más justo y más equitativo.