Fecha Publicación: 08/03/2019
8 de marzo, Día Internacional de la Mujer:
Un día para recordar que la paz no puede construirse en desigualdad.
El Colegio de Profesionales en Psicología de Costa Rica, se une el día de hoy a los movimientos de mujeres, nacionales e internacionales, que alzan la voz para recordarle al mundo que la lucha por los derechos de las mujeres ha sido un largo y doloroso proceso histórico, el cual debemos honrar reconociendo que aún queda mucho trabajo por hacer en el camino de la construcción de la sociedad igualitaria en la que queremos vivir.
Para nuestras sociedades, la toma de conciencia de la situación de desigualdad entre hombres y mujeres ha llevado décadas. Dicha conciencia resulta indispensable para seguir avanzando en el logro de las transformaciones sociales que permitan a las mujeres contar con el reconocimiento jurídico y fáctico de sus derechos humanos, en condiciones de igualdad en relación con los hombres.
Los derechos humanos no son privilegios para unos, sino que constituyen garantías jurídicas mínimas para que todas las personas vivan en dignidad, libertad e igualdad. Por eso deben ser respetados, garantizados y protegidos por el Estado costarricense, pero también deben cuidarse con determinación por todos los sectores sociales, incluidas las personas profesionales en Psicología quienes desde nuestro ejercicio ético tenemos también una gran responsabilidad.
Si bien reconocemos luchas y avances históricos en este proceso de conquista de los derechos de las mujeres, entre los que destacan el movimiento sufragista de mujeres, los movimientos por los derechos laborales de las mujeres, las luchas por el acceso a la educación, lo alcanzado en materia de derechos sexuales y reproductivos, el acceso creciente a puestos de decisión, la protección frente a la violencia y la discriminación entre otros muchos, también debemos ser concientes que existen movimientos y sectores de la sociedad que en la actualidad ejercen presión para desconocer los derechos humanos en general y muy específicamente los derechos de las mujeres, amenazando con el retroceso y la pérdida de las conquistas en la lucha por la igualdad de género.
Dicha tendencia regresiva no sólo se evidencia en el ámbito discursivo, sino que se ha materializado en proyectos políticos en diferentes países de nuestra región. En este sentido, consideramos oportuno y urgente hacer un llamado a escuchar con atención lo que nos señalan nuestros tiempos y reafirmar hoy, aún más, el compromiso con la promoción, protección y defensa de los derechos de las mujeres.
Nuestro ejercicio ético de la profesión, desde los múltiples sectores en los que impactamos con nuestra labor, debe estar fundamentado en la ética de los derechos humanos y amparado en el marco jurídico. En este sentido, conviene recordar que en Costa Rica contamos con un robusto cuerpo normativo nacional, así como con instrumentos internacionales de gran importancia ratificados soberanamente por nuestra Asamblea Legislativa: la Convención Interamericana para prevenir, sancionar y erradicar la violencia contra la mujeres “Convención de Belem Do Para” y la Convención sobre la eliminación de todas las formas de discriminación contra la mujer (CEDAW).
Entre los tantos desafíos que debemos atender con urgencia como sociedad y con los cuales las personas profesionales en Psicología debemos contribuir para su abordaje y consecución, se pueden mencionar: el reconocimiento de la amplia diversidad de realidades que viven las mujeres y que les coloca en diversas situaciones de vulnerabilidad y exclusión; la afectación particular que tiene la pobreza en la población femenina; el aseguramiento de espacios (familiares, organizacionales, comunitarios, laborales, públicos) libres de violencia; la eliminación de las múltiples formas de violencia machista y la erradicación del femicidio como la expresión más extrema y grotesca de la violencia contra las mujeres; el involucramiento efectivo y afectivo de los hombres en las labores de cuido y las tareas domésticas con la consecuente reducción de dobles y triples jornadas de sobrecarga para las mujeres; la garantía de los derechos laborales de las mujeres y su acceso a la salud.
La lista de desafíos es larga y por tanto, se requiere del compromiso conjunto y permanente que nos interpela tanto a nivel personal como profesional. “Lo personal es político”, es una frase que han enarbolado los movimientos feministas y que plantea el desafío de reconocer, que las decisiones que tomamos en el ámbito de nuestra vida privada repercuten en lo colectivo. En esta misma línea, nos atrevemos también a decir que “el ejercicio profesional es político” como una forma de reconocer que nuestro trabajo impacta en la vida particular de las personas y también en las transformaciones culturales y sociales.
Construir una cultura de paz no puede hacerse en la desigualdad, así que psicólogas y psicólogos podemos y debemos aportar a la construcción de una sociedad más justa, igualitaria y libre de discriminación y violencia contra las mujeres.