Sobre el ejercicio de la paternidad – Colegio de Profesionales en Psicología de Costa Rica
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COLEGIO DE PROFESIONALES EN PSICOLOGÍA DE COSTA RICA

Sobre el ejercicio de la paternidad

Fecha Publicación: 21/06/2020

Al menos como ideal, hacerse cargo de la función paterna implicaría trascender el primigenio y arcaico mandato patriarcal del ejercicio de la autoridad irrefutable; aquel mandato que concibe al padre como “dueño de la vida y la hacienda de sus hijos”.

En nuestra época asumir la función paterna sería más bien actuar como constructor de un  conjunto de vidas particulares y colectivas. Una tarea por medio de la cual se favorece que podamos aportar a la construcción de sociedades y de una humanidad más solidaria y justa.

La paternidad no es un mero acto biológico, una tarea ineludible para mantener la propagación la especie humana. Muchos hombres ejercen la paternidad sin haber engendrado a los niños que han cuidado y criado como hijos, ofreciéndoles su protección y amor. La vida les dio esa oportunidad, y decidieron aceptarla y aprovecharla.

En ese contexto, entendemos el ser padre como una serie de actos de responsabilidad y placer simultáneos, producto de asumir y disfrutar la gran tarea de ser partícipes en la construcción de las vidas de aquellos seres que hemos decidido asumir como hijos. Por ello, una labor fundamental de todo padre es acompañar a sus hijos en el transitar por las diferentes etapas de la vida que él mismo ya ha recorrido.

Sin embargo, para hacer bien esa tarea el padre debería asistir a una escuela muy especial, que podríamos llamar “Escuela de las Enseñanzas Eternas” o sencillamente “Escuela de la Vida”. Allí deberá permanecer matriculado el resto de su vida, y siempre tendrá como maestros a sus hijos.

Al comenzar en esta escuela, sus hijos pequeños – por medio de palabras, risas, lágrimas o chillidos- serán los maestros que le enseñarán a descubrir las mejores formas de actuar de manera adulta. Más adelante, cuando ellos crezcan y quizás también se conviertan en padres, le ayudarán a comprender plenamente el significado del amor, la amistad o la solidaridad. Porque eso es lo que hacen los buenos compañeros de vida que no solo comparten geografía o cultura, sino también sentimientos, esperanzas o frustraciones. En la etapa final de su vida (o incluso después de ésta) los recuerdos y comentarios de esos “hijos-maestros-adultos” son los que servirán para dictaminar cómo fue su rendimiento en esa escuela.              

Todo lo anterior parece un proceso sencillo pero en realidad no lo es, como lo prueba la experiencia propia y ajena. Y hay muchas razones para que el proceso sea difícil, comenzando por el hecho de que es irreversible. Uno se convierte en padre y en realidad nunca deja de serlo. No existe el concepto de “ex-padre”. Alguien puede “dejar de ejercer” la paternidad, o ejercerla descuidadamente,  pero siempre seguirá teniendo el rol de padre en la memoria de sus descendientes. Buen o mal padre, pero padre al fin. Nunca un ex-padre.

Por eso, parafraseando una reflexión bastante conocida en ciertos medios, podemos decir: “si la vida te da un hijo o hija, agradécelo pero tiembla por el depósito que te confía. Porque en lo sucesivo, serás para esa persona la imagen de la verdad y el camino. Hasta los diez años, sé su maestro; hasta los veinte, su padre; y hasta la muerte, su amigo”.

Autores:

Albam Brenes Chacón

José Manual Salas Calvo